Juicio por el femicidio de Érika Álvarez: hermanas apuntan a ambientes narcos y reuniones con políticos y policías
Maira y Milena Álvarez declararon en el juicio por el crimen de su hermana Érika Antonella: la víctima habría convivido con personas ligadas al narcotráfico, entre ellas Felipe Sosa y un Carlos que reunía a autoridades.
· 4 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

En las audiencias por el femicidio de Érika Antonella Álvarez entraron testimonios sobre el entorno que habría frecuentado la joven. Maira y Milena Álvarez —sus hermanas— sostuvieron que Érika se relacionaba con hombres vinculados a la comercialización de estupefacientes. Mencionaron a Felipe El Militar Sosa, imputado por el homicidio, y a un individuo llamado Carlos, a quien atribuyeron encuentros con políticos y efectivos policiales.
Desde el relato familiar se reconstruyeron aspectos de la vida privada de la víctima y contactos en ambientes asociados al tráfico de drogas. Las alusiones en sala no significan, por sí solas, que esas actividades estén acreditadas judicialmente ni conectadas con el crimen que se juzga.
En el expediente reaparece con frecuencia Carlos "El Mayor" Ferreyra, paraguayo investigado y procesado por el traslado de grandes cargamentos de estupefacientes desde Paraguay hacia la Argentina. Maira Álvarez dijo al tribunal que, entre 2021 y 2022, su hermana habría iniciado una relación sentimental con un hombre llamado Carlos, prolongada durante varios años. Lo conoció en persona en 2024, cuando los invitó a almorzar en El Cadillal por el cumpleaños de Érika: lo describió como alguien de aspecto modesto, que habló de gastronomía y música sin generar recelo. A la vez afirmó que Érika le había contado que vendía drogas y usaba distintas identidades.
Según Maira, en un momento la joven le mandó una foto de varios documentos hallados y le indicó que uno lo identificaba como Carlos Da Rocha; también le comentó que, supuestamente, se sometía a cirugías para cambiar su apariencia. Eso generó polémica en el debate.
Marcelo Cosiansi y Rubén Flores, defensores de Sosa, sugirieron que podría tratarse de Luiz Carlos Cabeza Blanca da Rocha, narcotraficante brasileño conocido como el Pablo Escobar de Brasil. El fiscal Pedro Gallo verificó, no obstante, que Da Rocha está preso en una cárcel de máxima seguridad en Brasil desde 2017, lo que dificulta equipararlo con quien, según la testigo, estuvo en Tucumán en 2024. Sobre esa hipótesis se recordó que el brasileño había recurrido a operaciones para modificar sus rasgos y eludir la captura, y que otros integrantes de bandas criminales usaban su identidad o nombres parecidos para ganar prestigio en el ambiente delictivo.
Ante las juezas María Valeria Mibelli, Gonzalo Ortega y Eliana Gómez Moreira, Maira añadió que Érika había ido a encuentros sociales organizados por Carlos, con asistencia —según le contaba— de políticos y policías. Dijo que su hermana los describía como reuniones de amigos y que no le hablaba de narcotráfico de manera explícita, aunque sospechaba que ocultaban información e interpretaba ciertas situaciones como señales de actividades ilícitas. También relató que Carlos la llevaba a reuniones de negocios y la presentaba como pareja; Érika opinaba sobre posibles socios comerciales y, cuando desconfiaba, le recomendaba no cerrar acuerdos, consejos que el hombre solía escuchar.
Milena Álvarez, por su parte, reconoció que Érika mantenía vínculos con hombres que le daban sustancias en encuentros privados e identificó entre ellos al principal acusado del femicidio. Contó que lo había conocido unos tres años antes y que lo veía como alguien con amplios recursos. Según le había referido la víctima, Sosa organizaba fiestas de música electrónica donde presuntamente vendía éxtasis, lo asociaba al narcotráfico y mencionaba que tenía muchas camionetas y tractores. Agregó que en esos eventos participaban personas influyentes y recordó un episodio en el que, según Érika, llegó una camioneta cargada de drogas.
Esas declaraciones quedaron incorporadas al debate como testimonio familiar; su peso probatorio dependerá de la valoración conjunta con el resto de la causa y no acreditan por sí solas los hechos narrados. Los nombres ligados a investigaciones por narcotráfico y las referencias a encuentros con funcionarios políticos y policías ampliaron las preguntas sobre el círculo de la víctima, pero el eje del proceso sigue siendo cómo murió Érika Álvarez y la eventual responsabilidad penal de Sosa. El tribunal decidirá si esos relatos ayudan a reconstruir los hechos investigados o solo describen relaciones y conductas ajenas al femicidio.
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