Estancamiento, consumo en caída e incertidumbre electoral tensionan la gestión de Milei
Analistas advierten que, pese a la desinflación y un dólar estable, el ancla fiscal comprime empleo y demanda; vencimientos de deuda y comicios del año próximo pondrán a prueba el modelo.
· 5 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

En octubre, especialistas consultados por la redacción coinciden en que la incertidumbre sobre la conducción de Javier Milei no cede: el freno de la actividad y la fuerte caída del consumo interno pesan más que los avances en precios y cambio. El Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella sigue débil; aunque mejoró 0,9% en el mes, permanece en niveles que GMA Capital vincula con una probabilidad de reelección del mandatario del 39,1%.
Un rasgo distintivo de este tramo es que la corrección de activos convive con un tipo de cambio relativamente plano. Por ahora el ajuste se concentra en la ampliación del canje y en spreads soberanos más altos, mientras el dólar queda al margen, en contraste con las presiones cambiarias que llegaron desde Brasil, subraya esa consultora.
La falta de catalizadores se ve en el castigo sostenido a las cotizaciones locales. “Ni siquiera aquellos datos macro más positivos, sobre todo en esta etapa -como el superávit comercial y el sostenimiento del ancla fiscal en el tiempo, más allá del desafío que implica un menor dinamismo de la recaudación-, logran actuar como catalizadores”, afirmó el economista Gustavo Ber. La desinflación avanza, pero dejó de sorprender; varios analistas preferirían dar más oxígeno a la actividad con una política monetaria más laxa, aunque ello implique algo más de inflación a corto plazo, porque priorizan la sustentabilidad social de un esquema que enfrentará un examen serio en las urnas el año próximo.
Desde el detalle sectorial, energía, minería y campo mantienen un ritmo sólido; industria, construcción y comercio —más intensivos en empleo— no logran señales alentadoras, según un analista bursátil.
Conviven un ingreso récord de divisas y una economía que no despega. Precios internacionales favorables, exportaciones históricas en energía, minería y agro, más los dólares de colocaciones de empresas y provincias, permiten al Banco Central (BCRA) acumular reservas y administrar el cambio, explicó Marina Dal Poggetto, economista y directora de EcoGo. Ese impulso no tracciona la demanda doméstica: el EMAE de agosto quedó 2,4% por debajo del pico de febrero de 2025 y, si se sostiene, la economía caería 0,2% en 2026, sin arrastre para 2027.
“El problema es que la decisión de utilizar el dólar como ancla para bajar la inflación, en una economía donde la inercia de los precios, fundamentalmente de los servicios regulados y otros servicios, sigue corriendo por encima del promedio, genera un ajuste deflacionario que comprime los presupuestos de las familias y los balances de las empresas en sectores transables”, desarrolló la profesora de Economía en IAE Business School. La caída de la demanda golpea la recaudación y obliga a profundizar el recorte del gasto para sostener el equilibrio fiscal. Las exportaciones netas crecen, pero no compensan un consumo trabado, una inversión demorada —la del RIGI mientras el resto opera con capacidad ociosa y baja rentabilidad—, obra pública que no arrastra, y una masa salarial en retroceso frente a la destrucción de empleo formal.
“La reforma laboral creó 84.000 puestos de trabajo entre mayo y agosto, pero en el mismo lapso la economía destruyó 1,5 veces más empleos viejos, con los impactos implícitos sobre la recaudación de la seguridad social a la que desde diciembre se le suma el desvío de aportes al FAL”, puntualizó Dal Poggetto.
Los desacoples monetarios se suceden en la previa electoral. Aún sin candidatos ni calendario definidos, el mercado ya asigna probabilidades a escenarios de continuidad y cambio. La duda no es solo el resultado: importa cómo se financia la transición entre pesos y dólares ante vencimientos concentrados y qué combinación de tipo de cambio, tasas y controles habría en un giro, señaló la economista. Aun así, destacó una ventaja respecto de crisis anteriores: una oferta estructuralmente creciente de dólares. “Pero mientras la incertidumbre financiera impida coordinar una baja de las tasas de interés, el ajuste deflacionario seguirá condicionando la actividad, retroalimentando la incertidumbre electoral y la dinámica”, acotó.
El adelanto de los comicios reactivó la cautela del mercado, en un contexto donde el alza del riesgo país —de 400 a 750 puntos en los meses recientes, con la última suba ligada al contagio de las elecciones en Brasil y las anteriores a la caída de popularidad presidencial, el estancamiento, las compras reducidas de divisas para reservas y la incertidumbre global— dificulta el acceso al crédito internacional. Se suman factores externos: petróleo, el resultado favorable a Lula Da Silva en Brasil y los comicios estadounidenses. Frente al cúmulo que en años electorales suele presionar al dólar, el Ejecutivo busca evitar las turbulencias de 2025, cuando una corrida cambiaria disparó las tasas. La gestión subraya el stock de divisas disponible para contener una eventual corrida, afirmó Eduardo Fracchia, profesor de Economía en IAE Business School. El secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, intervino de forma clave en 2025; lo deseable es que no deba repetirse, agregó el economista. Paralelamente, el Gobierno debe afrontar vencimientos de deuda presentados en conferencia de prensa, un frente dinámico mientras sigue sin poder colocar en el mercado internacional. Para 2027, con elecciones en el horizonte, la macro será exigente, concluyó Fracchia.
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