León XIV inaugura en Montevideo su gira regional con un llamado a cuidar la salud mental, la familia y el trabajo frente a la IA
En Plaza Independencia, el Pontífice inició su recorrida latinoamericana aludiendo al suicidio en Uruguay, la crianza, la educación y el riesgo de que la tecnología despoje de sentido al trabajo humano.
· 4 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

El papa León XIV pronunció este viernes su primer discurso de la gira latinoamericana en la Plaza Independencia de Montevideo. Ante autoridades y ciudadanos uruguayos, centró su intervención en tensiones que atraviesan las sociedades actuales: el suicidio, la soledad, las dificultades para criar a los hijos y el avance de la inteligencia artificial.
Un eje central fue la salud mental y el refuerzo de los vínculos familiares y comunitarios. El tema cobra peso en Uruguay, que registra la tasa de suicidios más alta de América Latina y una de las más elevadas del mundo.
“La soledad, la angustia y la pérdida de esperanza pueden llegar a ser tan profundas que una persona deje de encontrar razones para continuar viviendo. Ante la dolorosa realidad del suicidio, la atención sanitaria, los vínculos familiares y la cercanía de la comunidad resultan inseparables. Nadie debería llegar a sentirse extraño”, expresó.
León XIV subrayó que la problemática no puede abordarse solo desde la atención sanitaria: hacen falta también la cercanía de las familias y de las comunidades.
El Papa aterrizó en Uruguay minutos antes de las 16.30, tras un vuelo de 13 horas y media desde Roma. En el Aeropuerto Internacional de Carrasco lo recibió el presidente Yamandú Orsi, quien luego encabezó la ceremonia oficial de bienvenida en la Plaza Independencia.
Durante la intervención, el Pontífice agradeció la invitación, repasó la historia del país, evocó al general José Gervasio Artigas y subrayó los 40 años de democracia ininterrumpida.
Sobre familia e infancia, León XIV rescató una frase de San Juan Pablo II en su visita a Latinoamérica: “El futuro de la humanidad se fragua en la familia”. Insistió en que padre y madre deben estar presentes en la crianza y el cuidado de los hijos, y que acoger una nueva vida implica responsabilidades que requieren condiciones sociales adecuadas.
Vinculó la protección de la infancia con alimentación adecuada, adultos responsables y oportunidades educativas. “Cuidar a los más pequeños incluye asegurarles una educación adecuada. El hogar en el que un niño crece, la alimentación que recibe, la presencia de los adultos que lo acompañan, lo sostienen sus primeros años. La educación prolonga esa tarea, desarrolla sus capacidades, forma su juicio y lo prepara para participar con libertad y responsabilidad en la vida de la sociedad”, afirmó.
En educación y trabajo, defendió el empleo como vía para desarrollar capacidades individuales y aportar al bienestar colectivo. “El trabajo es uno de los cauces que permiten a cada persona desarrollar sus capacidades y contribuir al bien de los demás. Está en función del hombre y no el hombre en función del trabajo”, sostuvo.
Junto a esa reflexión advirtió por las consecuencias laborales de la inteligencia artificial. Reconoció que las nuevas tecnologías pueden facilitar tareas y abrir oportunidades, pero insistió en que su desarrollo debe servir a las personas. “El desarrollo de esas tecnologías debe ampliar las capacidades humanas, facilitar tareas y crear nuevas posibilidades, procurando que la persona que trabaja no quede reducida a una simple pieza prescindible dentro del proceso productivo”, señaló.
Más adelante recuperó una enseñanza del papa Francisco sobre el cuidado del ambiente. “Como recordó mi predecesor el Papa Francisco, la noción de bien común incorpora también a las generaciones futuras”, expresó.
Instó a reflexionar sobre la administración de recursos naturales y fuentes de energía, y a decidir sin comprometer las posibilidades de las próximas generaciones. “Pensar a largo plazo significa administrar estos bienes sin comprometer las posibilidades futuras”, remarcó.
Al cerrar su primera intervención en territorio latinoamericano, León XIV bendijo a los uruguayos: “Que Dios bendiga al Uruguay, y que María Santísima, a quien a este pueblo se confió en las horas de su nacimiento, siga acompañándolo a lo largo de su historia. Muchas gracias”.


