Un niño de 8 años sobrevive gracias a un ECMO inédito en la salud pública tucumana
Equipos del Hospital Avellaneda y del Hospital Italiano colocaron oxigenación extracorpórea a un paciente pediátrico en estado crítico. La maniobra del 27 de agosto posibilitó trasladarlo a Buenos Aires, donde espera un corazón.
· 4 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Un operativo médico de alta complejidad devolvió una chance de vida a un niño de 8 años cuyo cuadro exigía actuar de inmediato. En Tucumán intervinieron el Hospital Avellaneda, autoridades del Siprosa, el Hospital Italiano de Buenos Aires y áreas del Gobierno provincial en una articulación que culminó en un procedimiento sin antecedentes en el sistema público local.
El jueves 27 de agosto un equipo multidisciplinario porteño llegó a la provincia con equipamiento para implantar un sistema ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), dispositivo que sustituye de forma temporal las funciones cardíaca y pulmonar cuando los órganos dejan de cumplirlas. La asistencia estabilizó al paciente y abrió la vía para trasladarlo a la capital federal, donde luego recibió un corazón artificial mientras aguarda un trasplante cardíaco.
Miguel Ferre Contreras, secretario ejecutivo médico del Siprosa, valoró el compromiso de quienes lo atendieron al inicio y la coordinación que hizo viable el operativo. «Primero hay que destacar la capacidad técnica y humana del recurso humano que lo asistió, que hizo hasta el último esfuerzo para que este paciente pudiera recuperar sus capacidades. Ante la gravedad del cuadro y la imposibilidad de lograrlo, se inició una coordinación que involucró a muchos actores del sistema», dijo. Añadió que la respuesta superó una decisión clínica: hubo que vincularse con una institución bonaerense, alinear criterios entre equipos y gestionar fondos y habilitaciones administrativas.
«Lo que estaba en riesgo era la vida de un niño. El ministro (Luis Medina Ruiz) no dudó en tomar la decisión de avanzar con todos los trámites y el gobernador (Osvaldo Jaldo) también dio su visto favorable para que los equipos pudieran articular. Realmente hemos trabajado como sistema de salud, convencidos de lo que había que hacer», sostuvo. También mencionó la dirección y gerencia del Hospital Avellaneda, a Tomás Fiori —jefe del Servicio Crítico Integral Pediátrico— y a los equipos de las secretarías ejecutivas médica y administrativa contable, a cargo de Fabio Andina, en la gestión de recursos.
Tras colocar el dispositivo se montó el traslado sanitario hacia Buenos Aires con la Dirección de Traslados Sanitarios, Emergencias 107, Aeroevacuación y Trabajo Social, cubriendo el trayecto al aeropuerto tucumano y la derivación terrestre al sanatorio donde continúa el tratamiento. Ferre Contreras subrayó además el apoyo de la Casa de Tucumán en Buenos Aires para familiares lejos de su entorno habitual.
Fiori relató que el ingreso correspondió a un shock cardiogénico refractario: el corazón deja de bombear con eficacia y no responde a terapias habituales. «El ECMO es un soporte vital externo, una membrana de oxigenación extracorpórea que se utiliza en casos de patologías cardíacas graves o insuficiencia respiratoria severa. En este paciente funciona como un corazón artificial y representa un puente hacia el trasplante cardíaco», precisó. Intensivistas y cirujanos cardiovasculares pediátricos del Hospital Italiano, con especialistas en perfusión, realizaron la canulación arteriovenosa, activaron el sistema y coordinaron el traslado del niño.
Para la salud pública provincial fue una experiencia nueva tanto por la técnica como por los eslabones administrativos y asistenciales. «Lo significativo de este operativo es que fue el primero de estas características en la salud pública. Hubo un trabajo en equipo desde la terapia intensiva, la dirección hospitalaria, el Ministerio de Salud y el Gobierno de la provincia. Fueron muchos eslabones que se pusieron a disposición y lograron coincidir para que esto fuera posible», expresó Fiori.
Hoy el paciente permanece en Buenos Aires con asistencia circulatoria mecánica que mantiene la función cardíaca en espera de un donante. Después del ECMO —soporte vital extracorpóreo de uso transitorio— se pasó a ese dispositivo, con estabilidad clínica que le permite relacionarse con su familia y con el equipo tratante.
En torno al caso, Ferre Contreras insistió en hablar de donación de órganos en el ámbito familiar. «Poder donar nuestros órganos es un último acto de generosidad y de amor. Es importante que podamos hablarlo con nuestros seres queridos para que conozcan nuestra voluntad», manifestó, y pidió reflexionar sobre la donación pediátrica: «Si una familia atraviesa la desgracia de perder a un hijo y tiene la posibilidad de donar sus órganos, que sepa que es un acto de amor. Es una manera de trascender y de salvar muchas vidas, como la de este niño tucumano que hoy está esperando la generosidad de alguna familia», concluyó.
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