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En la segunda audiencia del juicio, Sosa admite que él desechó el cadáver y defiende a Jorge “Chicho” Díaz

Felipe “El Militar” Sosa rompió su silencio en el debate por el crimen de Érika Antonella Álvarez: reconoció el traslado al basural, dijo que actuó sin ayuda y apartó a Díaz. Dos peritos del ECIF relataron el hallazgo.

· 4 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

En la segunda audiencia del juicio, Sosa admite que él desechó el cadáver y defiende a Jorge “Chicho” Díaz
Felipe Sosa, en la segunda audiencia del juicio.

Felipe “El Militar” Sosa pidió hablar de forma espontánea este martes, en la segunda jornada del juicio oral por el asesinato de Érika Antonella Álvarez, de 25 años. En su exposición reconoció que abandonó el cuerpo en un basural, insistió en que actuó en solitario y afirmó que Jorge “Chicho” Díaz desconocía lo ocurrido en su vivienda. En la misma audiencia declararon dos especialistas del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF), quienes detallaron cómo localizaron a la joven.

Mientras el tribunal proyectaba imágenes del basural, Sosa señaló: “Yo lo dejé en donde se está viendo ahora, entre las 10 y las 12 del mediodía”. Sostuvo que trasladó y descartó el cadáver por iniciativa propia, sin contar con otras personas para esa maniobra.

El acusado había permanecido en silencio en la primera jornada del debate oral y público; en esta segunda optó por tomar la palabra para referirse al destino del cuerpo y al rol de los demás imputados. La acusación lo señala como autor del homicidio de Álvarez.

En el transcurso de su relato intentó apartar de la causa a Díaz, ex empleado suyo y también imputado.

Es la única persona de las que está involucrada que no tenía absolutamente nada que ver y no sabía lo que había pasado en mi casa

dijo. Consideró injusta la situación procesal de Díaz y señaló que era la primera ocasión en la que podía hacer esa aclaración. La defensa de Díaz, a cargo de Juan Pablo Bello, había sostenido en la audiencia previa que su cliente no integraba el círculo íntimo de Sosa y que, según esa línea, se presentó a trabajar el día de los hechos.

Al cerrar, Sosa pidió disculpas a las familias de Justina Gordillo — señalada como sospechosa de encubrimiento —, de Nicolás Navarro Flores — condenado por encubrimiento — y de Díaz. Admitió que las llamadas que realizó después de lo ocurrido en su domicilio contribuyeron a que esas personas quedaran vinculadas a la investigación y reconoció que no debió efectuar esas comunicaciones.

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Entre los testigos de la jornada figuraron dos peritos del ECIF: uno coordinó el trabajo en el lugar del hallazgo e integra Criminalística; el otro pertenece al Departamento de Química Legal. Repasaron la carpeta técnica y el registro fotográfico incorporado al expediente. Describieron que el cuerpo de Álvarez estaba totalmente desnudo, envuelto en bolsas negras de consorcio sujetas con cintas, con nudos en tobillos y cuello. Las bolsas, las cintas y una cuerda encontradas allí fueron secuestradas para pericia. Uno de los especialistas subrayó la singularidad de la escena: “En mis 22 años de carrera nunca vi algo similar, nunca encontré un cuerpo envuelto de esta manera”, dijo ante el tribunal.

En la apertura del juicio, Bello anticipó que se exhibiría evidencia sobre el 7 de enero y sobre las comunicaciones entre quienes aparecen en la investigación: encuentros, decenas de llamadas, cientos de mensajes, borrados y expresiones que calificó como códigos. Pidió que ese material no distorsionara la evaluación particular de su defendido.

Lo de Jorge no es siniestro. Lo de Jorge no es oscuro. Lo de Jorge es sencillo porque simplemente fue a trabajar

afirmó en su alegato. Plantó que Díaz no formaba parte del grupo cercano que, en la hipótesis defensiva, integraban Sosa, Álvarez, Gordillo, Navarro Flores y otras personas. Durante esa exposición aludió a un hombre apodado “Daivid”, a un empresario de Lules y su pareja, a un abogado de Sosa y al propietario del departamento que el acusado alquilaba en Yerba Buena, escenario presunto del crimen; son referencias que la defensa llevó al debate y que el tribunal deberá ponderar junto con las pruebas que se produzcan.

Los testimonios de Sosa y de los peritos sumaron material a una causa en la que el tribunal deberá determinar las responsabilidades de cada imputado y las circunstancias del crimen de Érika Álvarez.

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