Argentina encabeza el uso semanal de IA generativa en el relevamiento internacional
Un informe de la Universidad de Oxford sitúa al país primero con 68% de uso semanal, pero también entre los de menor alfabetización en IA. Especialistas advierten por la brecha entre adopción y comprensión responsable.
· 4 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Un estudio del Reuters Institute for the Study of Journalism de la Universidad de Oxford coloca a la Argentina como el mercado con mayor proporción de personas que recurren semanalmente a inteligencia artificial generativa entre los países incluidos en la muestra.
El documento Generative AI and News Report 2026: From standalone tools to information infrastructure indica que el 68% de los argentinos usa esas herramientas al menos una vez por semana, señal de una incorporación acelerada en la rutina diaria. Hace apenas dos años la cifra era distinta: en 2024 el uso semanal alcanzaba al 21%; en 2025 subió al 51% y en 2026 llegó al 68%. Con ese nivel, el país supera a Noruega (57%), Australia y Dinamarca (51% cada uno), Estados Unidos (49%), Francia y Finlandia (48%), Japón (46%) y Reino Unido (42%).
Desde 2024 el seguimiento longitudinal abarca seis territorios —Argentina, Dinamarca, Francia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos— y en esta edición sumó Australia, Finlandia y Noruega, lo que lleva la muestra a nueve mercados en cuatro continentes.
Paradójicamente, quien más usa IA no necesariamente comprende mejor cómo funciona: la Argentina figura entre quienes registran menores niveles de alfabetización en inteligencia artificial. El uso masivo convive con vacíos en el entendimiento de alcances, límites y riesgos.
En consumo informativo, un 15% de los encuestados locales dijo haber empleado IA para acceder a noticias en la semana anterior al relevamiento, la tasa más alta del estudio. Ocho de cada diez (81%) reconocieron haber estado expuestos a funciones de IA en buscadores, redes sociales, aplicaciones o dispositivos, lo que muestra que la interacción no se reduce a plataformas dedicadas como ChatGPT o Gemini. En sitios y apps de noticias, el 67% vio herramientas basadas en IA —resúmenes automáticos, asistentes conversacionales, etiquetas sobre contenido generado artificialmente y piezas de audio o video—, aunque la preferencia general sigue inclinándose hacia textos elaborados por periodistas. La confianza cae a medida que crece la intervención automática y toca mínimos cuando el contenido es íntegramente producto de sistemas de IA.
Varios especialistas relacionan la velocidad de adopción con rasgos del entorno local: resolver problemas con pocos recursos, buscar alternativas para bajar costos y ganar tiempo. Fredi Vivas, ingeniero en sistemas, docente de la Universidad de San Andrés y fundador de RockingData, sostuvo que la IA generativa amplió el acceso a capacidades que antes exigían grandes inversiones o equipos especializados; según explicó, muchas empresas y profesionales no podían incorporar esas herramientas y la tecnología redujo barreras que antes reservaban soluciones a organizaciones con más capital.
Belén Ortega, especialista en inteligencia artificial, conferencista y autora del libro Human/IA, enfatizó que estas plataformas cubren necesidades concretas —automatizar tareas, producir contenidos, ahorrar tiempo, mejorar procesos— y abren oportunidades para emprendedores, trabajadores independientes y pymes. Para ella, en la Argentina convergen creatividad, presión económica y cultura emprendedora, junto con la facilidad de probar herramientas de utilidad inmediata.
La irrupción de la IA también redefine cómo se busca y procesa información. Durante décadas, consultar en internet implicaba abrir un buscador, visitar sitios, contrastar fuentes y elaborar una lectura propia; con la IA generativa predomina cada vez más la pregunta directa y la respuesta en lenguaje cotidiano. Vivas observó que el cambio altera una práctica arraigada hace más de 20 años; Ortega consideró que la sociedad pasa de acostumbrarse a buscar datos a esperar respuestas al instante, con ventajas de rapidez y accesibilidad pero también efectos sobre el aprendizaje.
La preocupación central de quienes analizan el fenómeno es la distancia entre la velocidad de adopción y el conocimiento para un uso responsable. Vivas advirtió que uno de los riesgos es tomar una respuesta bien redactada por información verdadera: la fluidez del sistema puede transmitir seguridad aunque los datos sean incorrectos o incompletos. Ortega coincidió en que la IA puede equivocarse con la misma seguridad con la que acierta y subrayó la necesidad de criterios para verificar antes de aceptar todo lo que devuelven las plataformas. También alertó sobre una posible dependencia cognitiva: delegar de forma permanente analizar, redactar, resumir o decidir podría debilitar capacidades que requieren práctica sostenida.
El desafío local, en esa lectura, no es solo ampliar el acceso sino reforzar la formación para aprovechar la tecnología sin ceder autonomía: usarla como complemento del pensamiento humano y no como sustituto de razonar, evaluar y construir conclusiones propias.


