En el Ñuñorco, rescatistas montan base a 3.300 metros y apuntan a los sectores más riesgosos por Raúl Moyano
Desde el 12 de octubre no hay noticias del docente. El Grupo Cero opera con campamento en altura y la señal de su celular define parte del rastrillaje, pero aún no hay indicios de dónde está.
· 5 min de lectura Por Redacción Base Tucumán

Raúl Moyano, docente tucumano, lleva desaparecido desde el 12 de octubre. En el cerro Ñuñorco, equipos especializados siguen rastrillando quebradas, precipicios y tramos de acceso muy difícil; pese a un despliegue que en distintos momentos superó las 100 personas, todavía no se pudo establecer dónde se encuentra.
Integrantes del Grupo Cero de la Policía de Tucumán levantaron un campamento de avanzada a unos 3.300 metros de altura para quedar cerca de las áreas que hoy concentran la prioridad. Esa decisión acorta los traslados y deja más tiempo para inspeccionar pendientes y quebradas que exigen equipamiento de montaña.
Parte del operativo se orientó al sector sureste del cerro tras el registro, en una antena de telefonía, de una señal emitida por el celular de Moyano. Hasta ahora, los relevamientos hechos en ese frente no aportaron pistas sobre su paradero, aunque ese dato sigue siendo uno de los ejes para organizar los rastrillajes en terrenos de elevada complejidad.
El oficial auxiliar Joaquín Albornoz, del Grupo Cero, relató que en una de las jornadas recorrieron unos cuatro kilómetros por distintas quebradas, incluidos tramos que demandan formación técnica en montaña. El recorrido no dejó elementos que permitieran ubicar al docente. En otra salida, dos rescatistas se desprendieron del grupo para comprobar una posible señal de humo; la expectativa entre los compañeros terminó en falsa alarma cuando se confirmó que no correspondía al caso.
La búsqueda entra ahora en una etapa dirigida hacia el sector conocido como El Indio, que se extiende desde la cumbre hacia quebradas profundas y zonas de vegetación muy densa. El subcomisario Milcíades Ávila Campos, a cargo del equipo de avanzada, indicó que allí seguirán trabajando mientras el tiempo lo permita. Los hombres del Grupo Cero están entrenados para intervenir donde otros equipos no llegan con facilidad: usan cuerdas, sistemas de anclaje y dispositivos de ascenso y descenso para inspeccionar precipicios y laderas pronunciadas. Cuando detectan un punto crítico, montan el material necesario para descender a lugares inaccesibles sin preparación especializada. El propósito del despliegue no cambia: encontrar a Moyano con vida.
Las características del terreno empujaron a instalar la base cerca de la cima. Desde la base del cerro, a unos 1.800 metros, el ascenso implica unos 12 kilómetros hasta los 3.300, atravesando laderas empinadas y tramos rocosos con mochilas que pueden pesar más de 20 kilos. El campamento quedó sobre un filo del sector norte, aproximadamente a 500 metros de la cumbre: inicialmente se pensaba ubicarlo hacia el sur, pero las condiciones impidieron que las mulas que llevaban provisiones llegaran hasta ese punto.
En el lugar permanece cerca de una docena de efectivos, en su mayoría del Grupo Cero, junto con personal de la División Lacustre de El Mollar. Las jornadas arrancan alrededor de las cinco de la mañana; entre las seis y las siete suelen salir a rastrillar y regresan cerca de las veinte, cuando empieza a oscurecer. Permanecer en altura permite aprovechar mejor las horas de luz y ampliar inspecciones en sectores alejados de los accesos habituales.
El clima sigue siendo uno de los principales frenos. En días previos había impedido sostener un campamento permanente en la montaña y obligaba a desplazamientos más largos desde abajo. La mejoría registrada desde el martes habilitó la base de avanzada, aunque el pronóstico de nuevas lluvias reavivó la preocupación. Ávila Campos señaló que las precipitaciones suelen ir acompañadas de bancos de neblina que reducen mucho la visibilidad; la mezcla de lluvia, niebla, pendientes fuertes y quebradas hondas puede cerrar el acceso a los frentes donde hoy se concentra la búsqueda, por lo que intentan usar cada ventana de buen tiempo para cubrir la mayor cantidad de terreno posible.
El operativo llegó a convocar a más de cien personas entre fuerzas de seguridad, organismos de asistencia, guías, montañistas, baquianos y voluntarios. Operadores de drones realizan reconocimiento en distintos sectores del cerro. Un helicóptero sobrevoló la zona con Suyay, hija del docente desaparecido, a bordo, dentro de los esfuerzos por obtener información que ayude a orientar los rastrillajes. Los baquianos y guías aportan conocimiento sobre senderos, quebradas y accesos; los equipos especializados se ocupan de los puntos de mayor riesgo. La coordinación se hace por radio con la base en El Mollar; en algunos tramos hay conexión a internet, aunque la energía y el propio terreno suman complicaciones.
A pesar del esfuerzo sostenido en los últimos días, Moyano sigue sin aparecer y no hay rastros concluyentes sobre su ubicación. La extensión del Ñuñorco, las quebradas profundas, la vegetación y el clima dificultan el reconocimiento, pero los efectivos mantienen la prioridad en los sectores que marcan los datos disponibles y avanzan hacia nuevas áreas cuando las condiciones lo autorizan. Antes de encarar otra jornada de rastrillajes, Ávila Campos reiteró el objetivo común:
La misión de todos es tratar de encontrar a esta persona con vida. Esa es la realidad
. Mientras persiste la incertidumbre sobre el paradero del docente, los equipos especializados siguen en la montaña con la esperanza de hallar información que permita dar con él.
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